¿Sabías
que las niñas y los niños no siempre fueron valorados como seres humanos con
las características particulares y esenciales que hoy conocemos como infancia?
Durante
muchos siglos, en diferentes contextos, los niños y niñas fueron considerados
como “adultos en miniatura”. Se consideraba entonces que pensaban, actuaban,
sentían y tenían las mismas capacidades e intereses que los adultos. Lo que es
peor aún, debido a su estado de vulnerabilidad, eran víctimas de maltrato,
abandono, explotación laboral y esclavitud, abuso sexual, trata de personas,
infanticidio, guerra, desnutrición y enfermedad, entre otras problemáticas.
A partir de la del siglo XX con el auge de la pedagogía moderna y la psicología, la concepción de infancia mejoró progresivamente en beneficio de la niñez. Sin
embargo, hoy en el mundo globalizado contemporáneo, en muchos lugares del
planeta, los niños y las niñas todavía son víctimas de atrocidades parecidas a
las de siglos pasados, con la mirada indiferente de muchas personas y con la
actitud omisa de los Estados. Y Colombia no es la excepción. Aunque se alardee
sobre mejores condiciones de vida para las familias y la sociedad, existen
brechas muy grandes que salvar, para ayudar a niños y niñas en condiciones de
pobreza y miseria en las calles, en
barrios marginales, en el campo, en las zonas apartadas de las urbes.
¿Quieres
conocer más sobre la historia de la niñez?
Te
invitamos a leer algunos apartes extraídos del documento de investigación “La infancia en la perspectiva de las
representaciones sociales” de Ingrid Delgadillo, profesora de la
Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia.
Durante la edad media, en el contexto europeo, el concepto de infancia
(noción sobre la naturaleza del niño) no estaba elaborado.
- Los niños eran separados de su hogar a edad aproximada de siete años para servir a otras familias y poder aprender un oficio para la vida.
- A los siete años, los niños eran considerados personajes de la calle, deambulaban libremente por ella, se mezclaban indistintamente con los adultos y allí debían buscar medios de supervivencia.
- No había diferencia en la forma de vestir. Tanto niñas como niños usaban batas.
- Niños y adultos practicaban los mismos juegos.
- No existían instituciones especializadas en la atención y formación de la infancia.
- Los niños eran entregados al cuidado de nodrizas rurales, inclusive desde el amamantamiento.
- Los niños desempeñaban trabajos similares a los de los adultos.
- Las prácticas de infanticidio eran frecuentes (Medioevo y siglos XVII y XVIII)
En el contexto colombiano, hasta mediados del siglo XX, los niños no eran
considerados importantes.
- Los niños morían con frecuencia a causa de enfermedades sin que esto causara duelo o representara pérdida social.
- Los niños eran víctimas de maltrato, abandono.
- En las familias con solvencia económica, los niños eran entregados al cuidado de nodrizas.
- El refugio de los niños era la calle, donde debían sobrevivir.
- Los niños eran considerados como mano de obra fácil de explotar o como estorbos.
- Las niñas eran sometidas por la carga de trabajos domésticos esclavizantes desde temprana edad.
- Los niños eran considerados como adultos pequeños o como niños “misterio” (ángeles).
- No existía la conciencia de particularidad para diferenciar al niño, del joven y del adulto.
·
El proceso de industrialización (siglos XVII y XVIII)
·
La creación de centros de disciplinamiento.
·
La revolución afectiva o sentimental.
ESTADO, INDUSTRIALIZACIÓN E INFANCIA.
La Revolución Industrial generó el desplazamiento paulatino del mundo rural
y agrario hacia otro de carácter urbano. El Estado interviene con medidas de
control social sobre la alta concentración poblacional. Lo anterior tiene
implicaciones que afectan a los niños, así:
- Se crean fábricas, que además de lugares de trabajo son sitios de encierro controlado. La población infantil se hace objeto de interés moral, pedagógico y socia
- Se ejerce mayor control social mediante programas de salubridad e higienización. En Bogotá, estas campañas solo se iniciaron a comienzos del siglo XX. Incluía la recomendación de portar calzado para contrarrestar el parasitismo (1947).
- Se genera la preocupación por el estado físico y nutricional de los niños.
- Se instauran mecanismos para disciplinar y moralizar a los niños considerados como seres inestables.
- Se empieza a construir una noción de infancia y se crean instancias de control para la población infantil.
- Se aleja al niño de las calles y se le separa de los adultos para evitar peligros de tipo moral y físico (control moral).
- El Estado interviene directamente sobre las familias que se muestran débiles para disciplinar a sus hijos (patronato)
LA ESCUELA Y EL DISCIPLINAMIENTO DE LAS INFANCIA
Para un mayor control social sobre los niños, la escuela nace como centro
de encierro y disciplinamiento. Constituye un mecanismo para separar al niño de
las calles y de los adultos. Busca
preparar al niño para enfrentar la vida y a la vez modelar la conducta. Con la
escuela moderna nace la pedagogía y empieza a marcar la diferencia entre
infancia y adultez. Sin embargo, la educación beneficia a los niños de clase
social privilegiada, los de escasos recursos no tienen acceso a todas las
bondades de la escuela.
LA REVOLUCION AFECTIVA Y EL SENTIMIENTO DE INFANCIA
En la edad Media no existía la intimidad familiar, la familia tenía función
reproductiva, acumulación de bienes y conservación de apellidos.
La revolución de la afectividad se dio en Europa en el siglo XVII. Esta
generó tres nuevas prioridades: el sentimiento de infancia, el sentimiento conyugal
y el sentimiento de domesticidad.
El sentimiento de infancia se desarrolló junto al interés por la educación
como un medio para transformar la sociedad. La familia asume la función de
formar moral y espiritualmente al niño. Se empieza a considerar a niño como un
ser maleable, moldeado a partir de la actuación de los adultos. La
responsabilidad en la formación de la niñez recae sobre la mujer con su rol de
madre, ya que el hombre se encarga del trabajo. La madre debía contar con
saberes de tipo educativo pero además, de tipo médico como formas científicas
de crianza. Se empieza a cuestionar las prácticas tradicionales de
amamantamiento a cargo de las nodrizas como medida preventiva contra la
transmisión de enfermedades (sífilis, tuberculosis).
El sentimiento de indiferencia que había prevalecido se cambia por el
sentimiento de afecto obsesivo hacia el niño, convirtiéndolo en el centro
familiar, por lo menos en las clases nobles. Para los niños del pueblo y las
niñas de cualquier condición social, la situación no mejoró mucho y seguían
considerados sin distinción con los adultos.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, en Colombia, los cambios en el
aspecto socio demográfico incidieron en las representaciones de la infancia,
evidenciándose en:
·
Interés de la familia por reducir el número de hijos.
·
Caída de la tasa de natalidad.
·
Nuevo rol de la mujer en la sociedad y redistribución de
tareas en la familia.
·
Crisis, rupturas y recomposiciones familiares.
·
Mejoramiento de las relaciones de afecto en la familia.
Los estudios de la psicología introdujeron nuevas terminologías y maneras
de comprender la especificidad infantil. Para las mujeres madres, la
responsabilidad en el desarrollo emocional de los hijos se acrecentó.
La familia y la escuela ganaron gran importancia como instancias de
protección y promoción infantil pero presentan lógicas antagónicas para el niño
en cuanto a las relaciones familia/hijo y escuela/alumno.
DISCUCIONES ACTUALES SOBRE LA NOCION DE INFANCIA
Durante las últimas décadas se ha revaluado el concepto del niño como aquel
que desconoce y carece de potencialidades. Al respecto hay dos posturas:
La primera reivindica el lugar de los niños como sujetos sociales, a
quienes asisten derechos especiales. Al respecto se puede mencionar la Declaración de Ginebra,
1929
La segunda postura plantea la fracturación de las formas de trabajo,
vivienda y vida social debida la sociedad de consumo postindustrial, afectando
a niños y jóvenes. Al respecto se plantea que las nuevas dinámicas culturales
de fin de siglo presumen la desaparición de la infancia. Los niños y jóvenes de
hoy demuestran una capacidad asombrosa de adaptarse rápidamente a los avances
de la tecnología informática y de telecomunicaciones, mejor que sus padres y
maestros, entrando a formar parte de redes virtuales de “amigos”, evidenciando
mayor independencia emocional con respecto a su familia. De igual manera se
puede observar que “los niños se hacen grandes cada vez más jóvenes”
(relaciones sexuales a temprana edad, embarazos adolescentes, delincuencia
juvenil, tráfico y consumo de drogas, niños actores en conflictos armados). Por
otra parte, entre más tiempo se emplee en los procesos de educación formal de
los niños, mayor será su dependencia económica de los padres, haciendo que la
“infancia” vaya más allá de las edades preestablecidas en los contextos
culturales. Al romperse los vínculos afectivos y comunicativos se generan
conflictos y tensiones en las familias. Por lo anterior, la misión de ser
padres en la actualidad, requiere un mayor grado de responsabilidad que
trasciende de suplir las necesidades económicas hacia un profundo nivel de
comunicación y afecto.





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